Por definición, el ser humano tiene intolerancia a la incertidumbre. Cuando hay sucesos o
eventos en donde no contamos con la posibilidad de estimar con claridad lo que puede
ocurrir, tendemos a sentirnos ansiosos, temerosos y, en general, sobreestimamos los
peores escenarios posibles. El caso actual de la guerra o la disrupción de la IA es una
situación de ese estilo. No sabemos cuánto va a durar el conflicto y tampoco sabemos
qué deparará el mundo laboral, por ende el mercado entra en pánico.